Conjunto de citas que, por alguna razón, me marcaron. Después de todo, otro modo de hablar sobre uno mismo.
10 octubre 2007
09 octubre 2007
Una carta de amor VII
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.
Hija mía es mejor vivir
con la alegría de los hombres
que llorar ante el muro ciego.
Te sentirás acorralada
te sentirás perdida o sola
tal vez querrás no haber nacido.
Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.
La vida es bella, ya verás
como a pesar de los pesares
tendrás amigos, tendrás amor.
Un hombre solo, una mujer
así tomados, de uno en uno
son como polvo, no son nada.
Pero yo cuando te hablo a ti
cuando te escribo estas palabras
pienso también en otra gente.
Tu destino está en los demás
tu futuro es tu propia vida
tu dignidad es la de todos.
Otros esperan que resistas
que les ayude tu alegría
tu canción entre sus canciones.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.
Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.
La vida es bella, tú verás
como a pesar de los pesares
tendrás amor, tendrás amigos.
Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.
Perdóname no sé decirte
nada más pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.
Y siempre siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.
30 septiembre 2007
18 septiembre 2007
Arriesga lo que tienes por aquello que amas
Na escuridade, sentados cada un nun extremo da barca, non ollaban os rostros. Pierre Francesco sentía un amor inmenso por aquel home de firmes e singulares conviccións, que estaba a xogar a súa vida por él. 'É un exemplo de fidelidade', pensou. Dende neno aprendera a máxima que inspirou a vida de Filipo Borghese, e que este gravou nos miolos do neto.
-Non teñas medo do medo e arrisca o que tes por aquilo que amas. E Amador, vello barqueiro, pozo insondabel de visións e certezas, coñecedor dunha terra de silencios e misterios, conversador coas nubes e coas pedras, ensináballe de novo e río abaixo a antiga lección."
13 septiembre 2007
Así es el mate
"El mate no es una bebida. Bueno, sí. Es un líquido y entra por la boca. Pero no es una bebida. En este país nadie toma mate porque tenga sed. Es más bien una costumbre, como rascarse. El mate es exactamente lo contrario que la televisión: te hace conversar si estás con alguien, y te hace pensar cuando estás solo. Cuando llega alguien a tu casa la primera frase es "hola" y la segunda "¿unos mates?". Esto pasa en las casas. En la de los ricos y en la de los pobres.Cuando tenés un hijo, le empezás a dar mate cuando te pide. Se lo das tibiecito, con mucha azúcar, y se sienten grandes. Sentís un orgullo enorme cuando un esquenuncito de tu sangre empieza a chupar mate. Se te sale el corazón del cuerpo. Después ellos, con los años, elegirán si tomarlo amargo, dulce, muy caliente, tereré, con cáscara de naranja, con yuyos, con un chorrito de limón. Cuando conocés a alguien por primera vez, te tomás unos mates. La gente pregunta, cuando no hay confianza: "¿Dulce o amargo?". El otro responde: "Como tomes vos". Los teclados de Argentina tienen las letras llenas de yerba. La yerba es lo único que hay siempre, en todas las casas. Siempre. Con inflación, con hambre, con militares, con democracia, con cualquiera de nuestras pestes y maldiciones eternas. Y si un día no hay yerba, un vecino tiene y te da. La yerba no se le niega a nadie.
Éste es el único país del mundo en donde la decisión de dejar de ser un chico y empezar a ser un hombre ocurre un día en particular. Nada de pantalones largos, circuncisión, universidad o vivir lejos de los padres. Acá empezamos a ser grandes el día que tenemos la necesidad de tomar por primera vez unos mates, solos. No es casualidad. No es porque sí. El día que un chico pone la pava al fuego y toma su primer mate sin que haya nadie en casa, en ese minuto, es que ha descubierto que tiene alma. O está muerto de miedo o está muerto de amor o algo: pero no es un día cualquiera. Ninguno de nosotros nos acordamos del día en que tomamos por primera vez un mate solo. Pero debe haber sido un día importante para cada uno. Por adentro hay revoluciones.
El sencillo mate es nada más y nada menos que una demostración de valores... Es la solidaridad de bancar esos mates lavados porque la charla es buena. La charla, no el mate. Es el respeto por los tiempos para hablar y escuchar, vos hablás mientras el otro toma y es la sinceridad para decir: "¡Basta, cambiá la yerba!"
Es el compañerismo hecho momento. Es la sensibilidad al agua hirviendo. Es el cariño para preguntar, estúpidamente, "¿está caliente, no?". Es la modestia de quien ceba el mejor mate. Es la generosidad de dar hasta el final. Es la hospitalidad de la invitación. Es la justicia de uno por uno. Es la obligación de decir "gracias", al menos una vez al día. Es la actitud ética, franca y leal de encontrarse sin mayores pretensiones que compartir.
Ahora vos sabés: un mate no es sólo un mate..."
10 septiembre 2007
08 septiembre 2007
Versiones de Asterión IV
30 agosto 2007
Una carta de amor VI
Vértigo de identidad, vértigo de palabras: el amor es, a escala individual, esa súbita revolución, ese cataclismo irremediable del que no se habla más que después [...] Hasta la carta de amor, esa tentativa inocentemente perversa de calmar o relanzar el juego, está demasiado inmersa en el fuego inmediato como para no hablar más que de "mí" o de "ti", o incluso, de un "nosotros" salido de la alquimia de las identificaciones, pero no de lo que sucede realmente entre el uno y el otro. No de ese estado de crisis, de abatimiento, de locura que puede romper todas las barreras de la razón, como puede, semejante a la dinámica del organizamo vivo en pleno crecimiento, transformar un error en renovación, remodelar, rehacer, resucitar un cuerpo, una mentalidad, una vida. O incluso dos. [...]
El amor es el tiempo y el espacio en el que el "yo" se concede el derecho a ser extraordinario. Soberano sin ser ni siquiera individuo. Divisible, perdido, aniquilado; pero también, por la fusión imaginaria con el amado, igual a los espacios infinitos de un psiquismo sobrehumano. [...] Espacio dilatado, infinito, donde desde mis desfallecimientos evoco, por intermedio del amado, una visión ideal. ¿La mía? ¿La suya? ¿La nuestra? Imposible, y sin embargo, mantenida. [...]
El amor es, en suma, una mal a la vez que una palabra o una carta. Lo inventamos cada vez, con cada amado forzosamente único, en cada momento, lugar, edad... O de una vez por todas. Las delicias y las angustias de esta libertad se agravan hoy por el hecho de no tener códigos amorosos: no hay espejos estables para los amores de una época, de un grupo, de una clase. El divan del psicoanalista es el único lugar donde el contrato social autoriza explícitamente una búsqueda -aunque privada- del amor.
20 agosto 2007
Come vedere nello specchio riemergere un viso morto...
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
esta muerte que nos acompaña
desde el alba a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un absurdo defecto. Tus ojos
serán una palabra inútil,
un grito callado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando sola te inclinas
ante el espejo. Oh, amada esperanza,
aquel día sabremos, también,
que eres la vida y eres la nada.
Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como dejar un vicio,
como ver en el espejo
asomar un rostro muerto,
como escuchar un labio ya cerrado.
Mudos, descenderemos al abismo.
13 agosto 2007
Versiones de Asterión III
Y la reina dio a luz un hijo que se llamó Asterión.
Apolodoro, Biblioteca, III, I
Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias. Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito *) están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales. Que entre el que quiera. No hallará pompas mujeriles aquí ni el bizarro aparato de los palacios, pero sí la quietud y la soledad. Asimismo hallará una casa como no hay otra en la faz de la Tierra. (Mienten los que declaran que en Egipto hay una parecida.) Hasta mis detractores admiten que no hay un solo mueble en la casa. Otra especie ridícula es que yo, Asterión, soy un prisionero. ¿Repetiré que no hay una puerta cerrada, añadiré que no hay una cerradura? Por lo demás, algún atardecer he pisado la calle; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta. Ya se había puesto el Sol, pero el desvalido llanto de un niño y las toscas plegarias de la grey dijeron que me habían reconocido. La gente oraba, huía, se prosternaba; unos se encaramaban al estilóbato del templo de las Hachas, otros juntaban piedras. Alguno, creo, se ocultó bajo el mar. No en vano fue una reina mi madre; no puedo confundirme con el vulgo, aunque mi modestia lo quiera.
El hecho es que soy único. No me interesa lo que un hombre pueda trasmitir a otros hombres; como el filósofo, pienso que nada es comunicable por el arte de la escritura. Las enojosas y triviales minucias no tienen cabida en mi espíritu, que está capacitado para lo grande; jamás he retenido la diferencia entre una letra y otra. Cierta impaciencia generosa no ha consentido que yo aprendiera a leer. A veces lo deploro porque las noches y los días son largos.
Claro que no me faltan distracciones. Semejante al carnero que va a embestir, corro por las galerías de piedra hasta rodar al suelo, mareado. Me agazapo a la sombra de un aljibe o a la vuelta de un corredor y juego a que me buscan. Hay azoteas desde las que me dejo caer, hasta ensangrentarme. A cualquier hora puedo jugar a estar dormido, con los ojos cerrados y la respiración poderosa. (A veces me duermo realmente, a veces ha cambiado el color del día cuando he abierto los ojos). Pero de tantos juegos el que prefiero es el de otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa. Con grandes reverencias le digo: Ahora volvemos a la encrucijada anterior o Ahora desembocamos en otro patio o Bien decía yo que te gustaría la canaleta o Ahora verás una cisterna que se llenó de arena o Ya veras cómo el sótano se bifurca. A veces me equivoco y nos reímos buenamente los dos.
No sólo he imaginado esos juegos; también he meditado sobre la casa. Todas las partes de la casa están muchas veces, cualquier lugar es otro lugar. No hay un aljibe, un patio, un abrevadero, un pesebre; son catorce (son infinitos) los pesebres, abrevaderos, patios, aljibes. La casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo. Sin embargo, a fuerza de fatigar patios con un aljibe y polvorientas galerías de piedra gris he alcanzado la calle y he visto el templo de las Hachas y el mar. Eso no lo entendí hasta que una visión de la noche me reveló que también son catorce (son infinitos) los mares y los templos. Todo está muchas veces, catorce veces, pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba, el intrincado Sol; abajo, Asterión. Quizá yo he creado las estrellas y el Sol y la enorme casa, pero ya no me acuerdo.
Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal. Oigo sus pasos o su voz en el fondo de las galerías de piedra y corro alegremente a buscarlos. La ceremonia dura pocos minutos. Uno tras otro caen sin que yo me ensangriente las manos. Donde cayeron, quedan, y los cadáveres ayudan a distinguir una galería de las otras. Ignoro quiénes son, pero sé que uno de ellos profetizó, en la hora de su muerte, que, alguna vez llegaría mi redentor. Desde entonces no me duele la soledad, porque sé que vive mi redentor y al fin se levantará sobre el polvo. Si mi oído alcanzara todos los rumores del mundo, yo percibiría sus pasos. Ojalá me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas. ¿Cómo será mi redentor?, me pregunto.
¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?
El Sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre.
-¿Lo creerás, Ariadna? -dijo Teseo-. El minotauro apenas se defendió.
* El original dice catorce, pero sobran motives para inferir que en boca de Asterión, ese adjetivo numeral vale por infinitos.
06 agosto 2007
Lastima bandoneón...
Lastima, bandoneón,
mi corazón,
tu ronca maldición maleva...
Tu lágrima de ron me lleva
hasta el hondo bajo fondo
donde el barro se subleva.
Ya sé, no me digás. ¡Tenés razón!
La vida es una herida absurda,
y es todo, todo, tan fugaz,
que es una curda, ¡nada más!
mi confesión...
Contáme tu condena,
decíme tu fracaso.
¿No ves la pena
que me ha herido?
O habláme simplemente
de aquel amor ausente
tras un retazo del olvido.
¡Yo sé que me hace daño!
¡Yo sé que te lastimo
llorando mi sermón de vino!
Pero, es el viejo amor
que tiembla, bandoneón,
y busca en un licor que aturda
la curda que al final termine la función
corriéndole un telón al corazón.
Un poco de recuerdo y sinsabor
gotea tu rezongo lerdo.
Marea tu licor y arrea
la tropilla de la zurda
al volcar la última curda.
Cerráme el ventanal
que arrastra el sol
su lento caracol de sueño.
¿No ves que vengo de un país
que está de olvido, siempre gris,
tras el alcohol?
Cátulo Castillo y Aníbal Troilo (1956)
{Si pueden, escuchen la versión del Polaco Goyeneche}
30 julio 2007
El canto de Salicio
¡Oh, más dura que mármol a mis quejas,
y al encendido fuego en que me quemo
más helada que nieve, Galatea!,
estoy muriendo, y aún la vida temo;
témola con razón, pues tú me dejas,
que no hay, sin ti, el vivir para qué sea.
Vergüenza he que me vea
ninguno en tal estado,
de ti desamparado,
y de mí mismo yo me corro agora.
¿De un alma te desdeñas ser señora,
donde siempre moraste, no pudiendo
de ella salir un hora?
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
El sol tiende los rayos de su lumbre
por montes y por valles, despertando
las aves y animales y la gente:
cuál por el aire claro va volando,
cuál por el verde valle o alta cumbre
paciendo va segura y libremente,
cuál con el sol presente
va de nuevo al oficio,
y al usado ejercicio
do su natura o menester le inclina,
siempre está en llanto esta ánima mezquina,
cuando la sombra el mondo va cubriendo,
o la luz se avecina.
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
¿Y tú, de esta mi vida ya olvidada,
sin mostrar un pequeño sentimiento
de que por ti Salicio triste muera,
dejas llevar (¡desconocida!) al viento
el amor y la fe que ser guardada
eternamente sólo a mí debiera?
¡Oh Dios!, ¿por qué siquiera,
(pues ves desde tu altura
esta falsa perjura
causar la muerte de un estrecho amigo)
no recibe del cielo algún castigo?
Si en pago del amor yo estoy muriendo,
¿qué hará el enemigo?
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
Por ti el silencio de la selva umbrosa,
por ti la esquividad y apartamiento
del solitario monte me agradaba;
por ti la verde hierba, el fresco viento,
el blanco lirio y colorada rosa
y dulce primavera deseaba.
¡Ay, cuánto me engañaba!
¡Ay, cuán diferente era
y cuán de otra manera
lo que en tu falso pecho se escondía!
Bien claro con su voz me lo decía
la siniestra corneja, repitiendo
la desventura mía.
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
¡Cuántas veces, durmiendo en la floresta,
(reputándolo yo por desvarío)
vi mi mal entre sueños, desdichado!
Soñaba que en el tiempo del estío
llevaba, por pasar allí la siesta,
a beber en el Tajo mi ganado;
y después de llegado,
sin saber de cuál arte,
por desusada parte
y por nuevo camino el agua se iba;
ardiendo yo con la calor estiva,
el curso enajenado iba siguiendo
del agua fugitiva.
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
Tu dulce habla ¿en cúya oreja suena?
Tus claros ojos ¿a quién los volviste?
¿Por quién tan sin respeto me trocaste?
Tu quebrantada fe ¿dó la pusiste?
¿Cuál es el cuello que, como en cadena,
de tus hermosos brazos anudaste?
No hay corazón que baste,
aunque fuese de piedra,
viendo mi amada hiedra,
de mí arrancada, en otro muro asida,
y mi parra en otro olmo entretejida,
que no se esté con llanto deshaciendo
hasta acabar la vida.
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
¿Qué no se esperará de aquí adelante,
por difícil que sea y por incierto?
O ¿qué discordia no será juntada?,
y juntamente ¿qué tendrá por cierto,
o qué de hoy más no temerá el amante,
siendo a todo materia por ti dada?
Cuando tú enajenada
de mi cuidado fuiste,
notable causa diste,
y ejemplo a todos cuantos cubre el cielo,
que el más seguro tema con recelo
perder lo que estuviere poseyendo.
Salid fuera sin duelo,
salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
Materia diste al mundo de esperanza
de alcanzar lo imposible y no pensado,
y de hacer juntar lo diferente,
dando a quien diste el corazón malvado,
quitándolo de mí con tal mudanza
que siempre sonará de gente en gente.
La cordera paciente
con el lobo hambriento
hará su ayuntamiento,
y con las simples aves sin ruido
harán las bravas sierpes ya su nido;
que mayor diferencia comprendo
de ti al que has escogido.
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
Siempre de nueva leche en el verano
y en el invierno abundo; en mi majada
la manteca y el queso está sobrado;
de mi cantar, pues, yo te vi agradada
tanto que no pudiera el mantuano
Títiro ser de ti más alabado.
No soy, pues, bien mirado,
tan disforme ni feo;
que aún agora me veo
en esta agua que corre clara y pura,
y cierto no trocara mi figura
con ese que de mí se está riendo;
¡trocara mi ventura!
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
¿Cómo te vine en tanto menosprecio?
¿Cómo te fui tan presto aborrecible?
¿Cómo te faltó en mí el conocimiento?
Si no tuvieras condición terrible,
siempre fuera tenido de ti en precio,
y no viera de ti este apartamiento.
¿No sabes que sin cuento
buscan en el estío
mis ovejas el frío
de la sierra de Cuenca, y el gobierno
del abrigado Estremo en el invierno?
Mas ¡qué vale el tener, si derritiendo
me estoy en llanto eterno!
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
Con mi llorar las piedras enternecen
su natural dureza y la quebrantan;
los árboles parece que se inclinan:
las aves que me escuchan, cuando cantan,
con diferente voz se condolecen,
y mi morir cantando me adivinan.
Las fieras, que reclinan
su cuerpo fatigado,
dejan el sosegado
sueño por escuchar mi llanto triste.
Tú sola contra mí te endureciste,
los ojos aún siquiera no volviendo
a lo que tú hiciste.
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
Mas ya que a socorrerme aquí no vienes,
no dejes el lugar que tanto amaste,
que bien podrás venir de mí segura;
yo dejaré el lugar do me dejaste;
ven, si por sólo esto te detienes;
ves aquí un prado lleno de verdura,
ves aquí una espesura,
ves aquí una agua clara,
en otro tiempo cara,
a quien de ti con lágrimas me quejo.
Quizá aquí hallarás (pues yo me alejo)
al que todo mi bien quitarme puede;
que pues el bien le dejo,
no es mucho que el lugar también le quede.
25 julio 2007
Todos los caminos conducen a Santiago

Cerro Penitentes, Mendoza - Cordillera de los Andes
El día de Galicia me encuentra lejos de mis dos tierras. Desde hace una semana estoy en la hermosa ciudad de Mendoza pasando unas vacaciones que preludian un congreso de literatura que amenaza con ser tan desorganizado como tedioso. Entre las muchas sorpresas con las que me recibió la provincia me encontré con la novedad de que su santo patrono es Santiago Apóstol.
Mendoza se ubica en una franja de gran actividad sísmica que comparte con Santiago de Chile, ciudad que hoy también festeja. Esta condición que en otro contexto no pasaría de ser un mero dato estadístico, aquí atraviesa cada obra, cada trazo del diseño urbano, cada pensamiento. No es pura superstición: el 20 de marzo de 1861 un terremoto destruyó por completo la Mendoza colonial y terminó con la mitad de sus pobladores: 6.500 personas murieron en cuestión de minutos. La leyenda cuenta que el desastre sobrevino un día de semana santa: fue un castigo por la falta de fe de los mendocinos hecho a la medida de los feudos religiosos que por aquellos años comienzan a perder parte de su hegemonía.
Al igual que en la provincia de Santiago del Estero –que hoy celebra el cuarto centenario de su fundación-, el 25 de julio es feriado provincial en Mendoza. Los homenajes entre los que se incluyen procesiones por la ciudad, regatas en el lago central y competencias varias contrastan con la casi nula actividad comercial que se vuelve mucho más evidente en una ciudad, por estos días, inundada de turistas. “Si trabajamos hoy, el patrono nos mueve el suelo” fue la memoriosa respuesta que obtuvo mi insolente incomprensión capitalina.
No hagamos enojar al santo.
Feliz día de Santiago.
Feliz día de Galicia.
{Les debo mis fotos hasta el regreso a Buenos Aires, por ahora, van estas extraídas de la web}
20 julio 2007
09 julio 2007
Nieve en Buenos Aires
Por primera vez desde junio de 1918, esta tarde de feriado nevó en Buenos Aires.
06 julio 2007
Una carta de amor V

Frida Kahlo Diario
[6 de julio, Centenario de su nacimiento]
02 julio 2007
Formas de la decepción x Lihn
Cientos, cientos de veces te encontraré a la vuelta
de la memoria abundante en esquinas
en la enrarecida atmósfera del país de los sueños
en que no hay cosa que no esté hecha de nada
Me harás, sin verme, un saludo con la mano,
pues de los dos yo seré el único
en vernos y no tú la buena amiga de los años reales.
Además allí, en la nada, encuentros y desencuentros
¿en qué se diferencian? El diálogo es su simulacro
hecho de las palabras recordadas. La que esté allí
es solo una visión a la espera de un taxi de hace diez
o quince años
sin haber envejecido porque en ese país
no se vive ni se muere, con tu vestido pasado de moda
remedo de algunas escenas que habríamos podido vivir juntos
si todavía fuéramos reales
Y sentiré lástima de mí y me invadirá como si fuera el amor
el recuerdo vacío de estas lágrimas.
27 junio 2007
Versiones de Asterión II
Ariana: Ella ha sido mi madre.
Minos: El ánfora ya rota en pedazos excecrables. Tu naces de mí como el aroma del vino profundo. Hija de rey, paloma de oro. Primero fuiste tú, y en Cnossos se alzaba la alegría como un potro en dos patas. Entonces urdió Dédalo la máquina de bronce, maleándola en secreto. Yo recibía embajadas, presidía torturas. Y entre tanta comisión real, Pasifae se rendía a un deseo de manos calientes y yugulares rotas.
Ariana: No lo digas. Saber una cosa no es como escucharla. Saber sin palabras, la cosa misma adherida al corazón, nos abriga de su imagen como un escudo.
Minos: Nadie me libró de escucharlo. Con palabras te lo diré para que la vomites de tu corazón y seas solamente la hija del rey. Cuando apenas le quedaba voz, al tercer día de suplicios, Axto derramó la verdad con su sangre. El toro era del norte, rojo y henchido, se le veía subir por la pradera como las barcas egipcias que traen a los emisarios y las vendas perfumadas. Ella estaba ya en la vaca luminosa, delfín de oro entre las hierbas, y fingía un mugido solitario y blando, un temblor en la piel de la voz.
Ariana: No lo digas. Axto murió mutilado y amargo. Su dolor hablaba por él, pero tú eres un rey.
Minos: El toro vino a ella como una llama que prende en los trigos. Todo el oro fúlgido se oscureció de pronto y Axto, desde lejos, oyó el alto alarido de Pasifae. Desgarrada, dichosa, gritaba nombres y cosas, insensatas nomenclaturas y jerarquías. Al grito sucedió el gemir del goce, lu lasciva melopea que en mi recuerdo se mezcla todavía con azafrán y laureles. No sé más, Axto murió en mitad de una palabra. Me acuerdo de la palabra: sonrisa.
Ariana: Hablaría de ella.
Minos: No sé.
Ariana: El toro era del norte, rojo y henchido. Lo digo como si escupiera los huesecillos de una paloma asada, las escamas del pescado. No quiero repetirlo pero tú me has forzado su carne en la boca, siento correr una caliente savia de púrpura y limón por mi lengua lacerada. ¡Oh rey, padre mío, y él éstá vivo ahí, y tú lo condenas cruelmente!
Minos: Y yo estoy vivo aquí, y él me condena cruelmente. En este día que vuelve cada año con una barca de llantos; en este día en que debo ser rey."
22 junio 2007
Versiones de Asterión I
con madera a un fiero toro y llevó en su vientre un feto híbrido.
Ya no me sorprende que Pasífae prefiriera,
antes que a ti, al toro: tu tenías mayor ferocidad.
Había crecido el oprobio de su linaje; el vergonzoso adulterio
de la madre era evidente por lo insólito del monstruo híbrido.
Minos decide alejar de su tálamo esta infamia y encerrarlo
en una mansión intrincada, en una morada tenebrosa.
Dédalo, famosísimo por su pericia en el arte de la construcción,
realiza la obra, enmaraña los puntos de referencia e induce
a error a los ojos con la revuelta de múltiples pasadizos.
Tal como el frigio Meandro juega con sus límpidas aguas,
y con zigzagueante curso fluye y refluye, y saliendo
a su propio encuentro contempla las ondas que han de llegar,
y, encarando unas veces sus fuentes y otras el mar abierto,
arrastra unas aguas sin rumbo cierto, así Dédalo llena
de rodeos los innumerables pasadizos, y apenas pudo él mismo
volver al umbral: tan grande es la trampa de aquel edificio.
Luego que Minos encerró allí la doble figura, de hombre y toro,
y derrotó al monstruo, dos veces cebado con sangre actea,
el tercero de los contingentes sorteados cada nueve años,
y una vez que con la ayuda de una joven la difícil puerta, que
jamás antes cruzó nadie dos veces, fue encontrada rebobinando
el hilo, al punto el hijo de Egeo raptó a la hija de Minos."
16 junio 2007
Bloomsday
Proa, Buenos Aires, número 6, enero de 1925.
06 junio 2007
Ya no sé qué hacer conmigo
Ya aprendí a falsear mi sonrisa, ya caminé por la cornisa.
Ya cambié de lugar mi cama, ya hice comedia, ya hice drama.
Fui concreto y me fui por las ramas, ya me hice el bueno y tuve mala fama.
Ya fui ético y fui errático, ya fui escéptico y fui fanático.
Ya fui abúlico, fui metódico, ya fui impúdico y fui caótico.
Ya leí Arthur Conan Doyle, ya me pasé de nafta a gas oil.
Ya leí a Breton y a Molière, ya dormí en colchón y en sommier.
Ya me cambié el pelo de color, ya estuve en contra y estuve a favor.
Lo que me daba placer ahora me da dolor, ya estuve al otro lado del mostrador.
Y oigo una voz que dice sin razón:
“Vos siempre cambiando, ya no cambiás más”.
Y yo estoy cada vez más igual.
Ya no sé qué hacer conmigo.
Ya me ahogué en un vaso de agua, ya planté café en Nicaragua.
Ya me fui a probar suerte a USA, ya jugué a la ruleta rusa.
Ya creí en los marcianos, ya fui ovolactovegetariano.
Sano, fui quieto y fui gitano, ya estuve tranqui y estuve hasta las manos.
Hice el curso de mitología pero de mí los dioses se reían,
orfebrería la salvé raspando y ritmología aquí la estoy aplicando.
Ya probé, ya fumé, ya tomé, ya dejé, ya firmé, ya viajé, ya pegué,
ya sufrí, ya eludí, ya huí, ya asumí, ya me fui, ya volví, ya fingí, ya mentí.
Y entre tantas falsedades muchas de mis mentiras ya son verdades.
Hice fácil adversidades y me compliqué en las nimiedades.
Y oigo una voz que dice con razón:
“Vos siempre cambiando, ya no cambiás más”.
Y yo estoy cada vez más igual.
Ya no sé qué hacer conmigo.
Ya me hice un lifting, me puse un piercing, fui a ver al dream team y no hubo feeling,
me tatué al Che en una nalga, arriba de mami para que no se salga.
Ya me reí y me importó un bledo de cosas y gente que ahora me dan miedo.
Ayuné por causas al pedo, ya me empaché con pollo al spiedo.
Ya fui al psicólogo, fui al teólogo, fui al astrólogo, fui al enólogo,
ya fui alcohólico y fui lambeta, ya fui anónimo y ya hice dieta.
Ya lancé piedras y escupitajos al lugar donde ahora trabajo
y mi legajo cuenta a destajo, que me porté bien y que armé relajo.
Y oigo una voz que dice sin razón:
“Vos siempre cambiando, ya no cambiás más”
Y yo estoy cada vez más igual.
Ya no sé qué hacer conmigo.
03 junio 2007
Une nouvelle secte de philosophes
Y la luz no se prendía. La Historia, un grito ahogado en tantos gritos que desbordaban la noche de una ciudad perdonada. Y la luz no se prendía. O se prendía una hora después del suceso:
Vio la ampolleta inmóvil en el dormitorio lleno de carteles. Vio las modernas cortinas rotas y las persianas que el viento cerraba y abría.
Con brújula, pistola y mapas falsos, como un pirata, todo lo recorrió; haciendo del tierno viaje sentimental una Ilíada escrita por novelistas genocidas, poetas cobardes y delgados, dramaturgos dormidos.
En el bosque mujeres a caballo lo saludaban desde lejos.
Vio la ampolleta inmóvil en el dormitorio lleno de fotografías. Escupió el suelo, se lo tragaron los rincones. Vio las modernas cortinas rajadas, que el viento levantaba y dejaba caer. Bajó las escaleras -principios de siglo- aullando puras porquerías, buscando a gritos un taxi en la noche.
24 mayo 2007
Acceder al cielo
17 mayo 2007
Día das Letras Galegas
si algo de ti méntralo vas menguando,
si eres causa,
encende luz-día na cinsa dos mortos
-escoitos de latís i olladas pechas-
encende luz apagada daquel día que sobra, encende,
ti que eres dono, aqués días de luz-verba, días
atropados no camiño que non se anda, encende
aquel día de calma -onda
de ondas-,
encende a nave das cousas -velada rica-,
encende e chama.
Chama ás cousas que non son delas,
chama hasta que desperten do seu sono xordo
e poidas facer brío na calma hasta enmedar verba espaiada e
segar peito ca forza entre o corazón frío xa.
Encende a cinsa dos ósos en luz que nos diga.
Ósos que lle ofreceches á noite!
Fai mareas en mares de sangre
que deixaches enfriar,
fai mundo certo de verbas que secaches en terras novas.
Fai e conta.
Conta as presadas de barro que axunta o meu currucho de terra.
Si son muitas, delas teño medo.
...
Veinme as cousas hoxe nunha.
Esprito amigo,
encende, chama e di.
[No es casual que, en este día de números redondos, escriba el post 100]
10 mayo 2007
El desafío Proust
El principal rasgo de mi carácter: La tenacidad lindante, muchas veces, con una militante terquedad.
La cualidad que prefiero en un hombre: Ante todo -e inegociablemente- el sentido del humor que requiere, sin duda, de una buena dosis de inteligencia.
La cualidad que prefiero en una mujer: Ídem anterior. En esto no valen distinciones de género.
Lo que más aprecio en mis amigos: La lealtad, la coherencia, el compañerismo, la generosidad.
Mi principal defecto: La innata desconfianza.
Mi ocupación preferida: Leer, escuchar música, viajar (cuando el presupuesto lo permite), mirar fotos de antiguos viajes (cuando el bolsillo no habilita embarcarse en nuevas aventuras).
Mi sueño de dicha: “Los sueños, sueños son” dijo el poeta. Mejor dejémoslos allí donde nadie pueda mancharlos.
¿Cuál sería mi mayor desgracia? No sé: siempre que creo que me ocurrió la peor desgracia, viene otra mayor a refutarme.
¿Qué querrías ser? Inmortal. O mejor aún, como diría Girondo: transmigrante.
¿Dónde desearías vivir? Acá. Amo Buenos Aires, esta ciudad inmensa en la que vivo hace treinta años y a la que aún recorro con una guía de calles en la cartera. Una ciudad que esconde moradas, esquinas, bares en los que fui feliz, y al mismo tiempo, es -como alguna vez escribió Borges- “un plano de mis humillaciones y fracasos”. Pero bueno, también podría ser Barcelona o Santiago de Compostela o el barrio de Providencia en el otro Santiago.
El color que prefiero: Bordó, rojo, negro.
La flor que prefiero: Nardo y jazmín por sus perfumes. Rosas rojas por su lujuriosa perfección.
El pájaro que prefiero: A los pingüinos, esos inverosímiles pájaros del mar. A los picaflores por su soberbio entusiasmo. A los horneros y su tesón constructor.
Mis autores preferidos en prosa: Borges, Bolaño, D. F. Sarmiento, Mansilla, Suso de Toro.
Mis poetas preferidos: Girondo, Cernuda, Garcilaso, Rimbaud, Lihn, Pizarnik, Méndez Ferrín.
Mis héroes de ficción: Ni idea. Por decir algo, Horacio Oliveira de Rayuela, el héroe más antiheroico que puedo concebir :-))
Mis heroínas de ficción: Raquel de Cien años de soledad. Dorothy de El mago de Oz, mi gran heroína de la infancia. Coincido: la entrañable Mafalda.
Mis compositores preferidos: Manolo García, Serrat, Sabina, Serrano... Sí, a veces yo también creo que debería vivir en España :-)
Mis pintores predilectos: Dalí. Kahlo. Miró. Xul Solar. Klimt. Portinari. Kandinsky. Diego Rivera.
Mis héroes de la vida real: todos los que logran fundarse desde la nada: los pobres, los inmigrantes, los que están solos y no se tienen lástima.
Mis heroínas históricas: Las Madres de Plaza de Mayo
Mis nombres favoritos: Lucía, Manuel
¿Qué detesto más que nada? Que no me dejen hablar. Que me quieran engañar. Que intenten obligarme (a lo que sea). Que me digan cómo tengo que sentirme y/o pensar.
¿Qué caracteres históricos desprecio más? Los que construyen sobre la base de la mentira, de la manipulación, de la muerte del otro. A estas descripciones responden algunos revolucionarios, algunos papas y todos los dictadores.
¿Qué hecho militar admiro más? El abrazo en Guayaquil entre San Martín y Bolívar. Cómo escribió José Martí: “Cuando los dos héroes chocaron, y el continente iba a temblar, uno, que no fue el menos grande, volvió riendas”. Si me dieran a elegir un momento histórico para presenciar, sería este.
¿Qué reforma admiro más? Las reformas cotidianas, esas variaciones mínimas que sumadas repercuten en las grandes Historias transformándolas.
¿Qué don natural querría tener? Todos. Absolutamente todos los dones son bienvenidos.
¿Cómo me gustaría morir? Me sé de memoria cómo NO me gustaría morir, pero –sin expectativas de ser original- si ha de ser que sea de viejita y en sueños (y, si no es mucho pedir, sin pañales ni ano contra natura).
Estado presente de mi espíritu: consternado, si se me permite la excentricidad en la elección del adjetivo.
Hechos que me inspiran más indulgencia: Paso. La palabra ‘indulgencia’ me suena a bula papal.
Mi lema: “Si puede salir mal, saldrá mal...” (Dicho siempre con una sonrisa en los labios y meneando mi cabeza en todas las direcciones posibles, claro :-))
09 mayo 2007
Vengo de lugares extraños
con dos ojos vencidos de miseria y memoria.
Te encuentro y te acompaño
de negro y oro por caminos ajenos.
Me está dado mirarte con amor
en la ausencia:
déjate amar en tu rincón, en tu quietud
de muérdago silvestre.
En mis tierras germina lo imposible:
tú tienes para mí un país de reposo.
Yo respiro si quieren, si me dejan:
tú tienes para mí una bebida que ignoras.
Te encuentro y te acompaño
de negro y oro por caminos ajenos.
Soy dos ojos brillantes,
de miedo de no verte, ya ciegos.
06 mayo 2007
Génesis de una pasión
Un día de verano de 1999, mienteas paseaba por Santiago de Compostela durante las horas libres que cada mediodía me dejaba un curso en la Universidad, escuché una canción que me conmovió. Tanto me conmovió que sólo pude recordar que habalba sobre unos pájaros.
Una semana después, emprendimos junto a Anna López Ocampo -encantadora catalana compañera en el curso en Santiago- un viaje en auto hasta Barcelona, viaje que para ella era un retorno a casa y para mí, algo así como una aventura. Entre muchas otras cosas, esa travesía cruzando España me dejó al menos dos respuestas. Surcando a medianoche las inverosímiles planicies de Valladolid comprendí –con más nitidez que nunca- el porqué de ‘Galicia meiga’. Atravesando las doradas extensiones zaragozanas pude volver a escuchar la canción sobre los pájaros:
- Annita, el otro día entré en un negocio y estaban pasando en la radio una canción que me encantó. No sé quién la canta ni sé cómo se llama... Habla de unos pájaros...
- ¿De unos pájaros?
- Sí, che, de unos pájaros...
- A ver, niña, coge de allí esa cinta y ponla del lado A.
A partir de aquella noche, me sumergí en la obra de un artista monumental como lo es Manolo García. Tres días después, mientras esperaba abordar el vuelo que me llevaría de regreso a Compostela, compré en el aeropuerto de Barcelona Arena en los bolsillos. Desde esa noche sin mapas, remos ni guitarras, “Pájaros de barro” se transformó en una suerte de talismán: de un modo u otro, cada viaje que emprendo tiene que tener esa música de fondo. Los discos solistas que vendrían y los clásicos de El último de la fila que de a poco descubrí fueron confirmando en mí las sensaciones de aquella tarde en Santiago.
Aunque resulte sorprendente, en Buenos Aires, Manolo García es invisible. En esta ciudad que se rinde a los pies de Serrat, Sabina o Serrano, Manolo García es un desconocido. Entre los difusos proyectos que tengo, uno era –hasta hace tres días- el de planificar mi próximo viaje a España para que coincidiera con alguna gira de García. Y digo ‘era’ porque ocurrió lo inimaginable: Manolo García dio un recital en Buenos Aires. Descontando a los agentes de prensa, productores, empleados de discográficas y amigos, seríamos unas cien personas que pagamos nuestra entrada. Nos reconocíamos por la expresión que tienen aquellos que saben que están recibiendo un regalo inesperado. Dos horas cuarenta de poesía y de música, dos horas cuarenta en un instante de perfecta felicidad, escasa –para mí- en los últimos dos años. La condensación entre ritmo, intensidad y un manejo de la palabra a la altura de los mejores poetas en lengua castellana son las huellas de esa noche que vivimos escuchando a este artista oculto.
ND/Ateneo - 3 de mayo de 2007 - Buenos Aires
Literalmente, "la última de la fila", los brazos que aplauden a la izquierda del muchacho de naranja son los míos.
A mi lado, los de mi amiga Daniela, otra fascinada por García y su música.
Sinécdoque que revela nuestro incontenible entusiasmo.
Por si el tiempo me arrastra
a playas desiertas,
hoy cierro yo el libro
de las horas muertas.
Hago pájaros de barro.
Hago pájaros de barro y los echo a volar.
Por si el tiempo me arrastra
a playas desiertas,
hoy rechazo la bajeza
del abandono y la pena.
Ni una página en blanco más.
Siento el asombro de un transeúnte solitario.
En los mapas me pierdo.
Por sus hojas navego.
Ahora sopla el viento,
cuando el mar quedó lejos hace tiempo.
Ya no subo la cuesta
que me lleva a tu casa.
Ya no duerme mi perro junto a tu candela.
En los vértices del tiempo anidan los sentimientos.
Hoy son pájaros de barro que quieren volar.
En los valles me pierdo,
en las carreteras duermo.
Ahora sopla el viento.
Cuando el mar quedó lejos hace tiempo.
Cuando no tengo barca, remos ni guitarra.
Cuando ya no canta el ruiseñor de la mañana.
Ahora sopla el viento.
Cuando el mar quedó lejos hace tiempo.
En los valles me pierdo,
en las carreteras duermo.
Esta es mi torpe manera de decir gracias.









