26 diciembre 2011

Alpha y omega

Los bebés no creen en dios




es predecible el domingo

cuando el bautismo llega

desde atrás

nosotros nos reímos de los fieles y robamos

el diezmo y los jazmines frescos.


el padre que cura acaricia a los primogénitos

sin buenas intenciones mientras receta

tipos convenientes de comportamiento

y los salva del mal por siempre.



todos repiten el estribillo



renuncia al placer ante todo

cree en dios todopoderoso y soberano de la tierra

renuncia al demonio y al error contrario a la verdad.




el padre que cura explica cada palabra

como un semiólogo divino educa y nos libra

del mal

del mar

del más allá.




la fe de los chicos pagada con débito automático

alumbrado por un cirio pascual o signo

del Cristo resucitado

desde atrás

nosotros rogamos que la luz se apague

oh sí que la luz se apague que la luz se apague

porque confiamos en la oscuridad.




los bebés rosados como pollos crudos

levantados por manos lavadas

con alcohol son trofeos ganados a la fuerza

de siglos

de ignorancia.





los bebés rosados como cielos atardecidos

llegan alto, hasta las hélices de los ventiladores

que bañan de aire caliente a los fieles

sí creemos en todos lo que nos proponen.





al acabar

el padre que cura pide limosna
y que todos seamos muy generosos.  
 ***

Alzheimer   
la masa blanda



                                         la masa gris



                                   la masa para hacer comida de domingo



                                   sobre el mantel a la casa dibujada con birome



le llega una carta anónima disfrazada de cuento



                        para pedir la lista de regalos






la anciana no recuerda el instante



la noticia que escucha por la radio como si



fuera la primera vez de todo



                                   quiere conocer la hora  del tiempo



a la mitad de la noche



explota la bengala que el padre no les dejó usar



por miedo a la destrucción del mundo



                                   las plantas los animales los hombres



que crean



las plantas los animales los hombres



                      que comen



recuerdos en platos caros



                                   y de postre



se miran al espejo






la anciana se caga encima y pregunta



cuándo va a gatear



por las dudas compra salvavidas absorbentes



y los usa en la pileta familiar



hace la plancha y tararea un jingle bells



el sol violeta de mañana no la matará de cáncer






antes de todo hay una pregunta que sale



                     como humo translúcido de la casa



sin renos ni chimenea



                      a la hora de la cena el tiempo muerto



los cubre de lenta salsa rosa y ensalada rusa



están preparados para tomar burbujas



                                   que estallen en las bocas



           que murmuren



disculpas por abrir los regalos antes de las doce






al alba el álbum



                                   familiar derramado en el suelo



                                   estampas de bautismo europeo



                                   sobre telas con pespunte



encajes puntillas carreteles



la santísima trinidad de ribetes blancos en sus mejillas






                                   la abuela alimentada por goteo y excesos de azúcar



cabezas pequeñas como



pastillas y extremidades no aptas para el vuelo nocturno



                        al ritmo de tres rosarios incompletos



                                         luciérnagas


                        de la familia que trasciende el entendimiento.

15 mayo 2011

Lectores profanos

"Soy incapaz de demostrar que los lectores profanos disfrutan los libros más que los críticos profesionales; pero sí puedo decir cuál es la ventaja que tenemos en relación con ellos. Nosotros podemos olvidar. Ellos sufren la maldición de la memoria: jamás se borrarán de sus cerebros los libros acerca de los cuales dan clases y escriben. Para ellos se convierten en parte de la familia. Quizá sea ese el motivo por el cual algunos críticos acaban adquiriendo un tono ligeramente paternalista en relación con sus sujetos [...] el lector corriente, pero apasionado puede olvidar; puede irse, serle infiel con otros autores, regresar y sentirse otra vez en éxtasis."
Julian Barnes "Los ojos de Emma Bovary" en El loro de Flaubert

26 abril 2011

Reescrituras IV

Donde habite el olvido,
en los vastos jardines sin aurora;
donde yo sólo sea
memoria de una piedra sepultada entre ortigas
sobre la cual el viento escapa a sus insomnios. 


Donde mi nombre deje
al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
donde el deseo no exista. 


En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
no esconda como acero
en mi pecho su ala,
sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento. 


Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,
sometiendo a otra vida su vida,
sin más horizonte que otros ojos frente a frente. 


Donde penas y dichas no sean más que nombres,
cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
disuelto en niebla, ausencia,
ausencia leve como carne de niño. 


Allá, allá lejos;
donde habite el olvido.


Luis Cernuda “Donde habite el olvido” en Los placeres prohibidos (1931)




Cuando se despertó,
no recordaba nada
de la noche anterior,
”demasiadas cervezas”
dijo al ver mi cabeza,
al lado de la suya en la almohada
y la besé otra vez,
pero ya no era ayer,
sino mañana.
Y un insolente sol,
como un ladrón, entró
por la ventana.

El día que llegó
tenía ojeras malva
y barro en el tacón,
desnudos, pero extraños,
nos vio, roto el engaño
de la noche, la cruda luz del alba.
Era la hora de huir
y se fue sin decir
”llámame un día”.
Desde el balcón, la vi
perderse, en el trajín
de la Gran Vía.
Y la vida siguió,
como siguen las cosas que no
tienen mucho sentido.
Una vez me contó,
un amigo común, que la vio
donde habita el olvido.

La pupila archivó
un semáforo rojo,
una mochila, un peugeot
y aquellos ojos
miopes
y la sangre al galope
por mis venas
y una nube de arena
dentro del corazón
y esta racha de amor
sin apetito.
Los besos que perdí,
por no saber decir
”te necesito”.
Y la vida siguió,
como siguen las cosas que no
tienen mucho sentido,
una vez me contó,
un amigo común, que la vio
donde habita el olvido.

Joaquín Sabina "Donde habita el olvido"

14 marzo 2011

Volcánico

Volver a ti es el camino de servicio 
para sacar palabras de mi chistera rota, 
yo que no entiendo de lindes, tú que me mueves los marcos. 
En el espacio que va de mi despiste a tu sombra 
hay un banco para verlas venir y tú, que lo sabes y callas, 
acechas el salto del temporizador, 3, 2, 1, aquí estoy. 
Ahora que he aprendido a hacer nudos corredizos, 
a usar el paso de las primeras veces, a escatimar en porqués, 
a pedir el último baile a mis fantasmas, 
ahora que me quema tanta vida inerte,
ahora que nada, ahora que no sé si te escribo a ti. 
Al otro lado una voz dice corre, que te echo de menos,  
y yo entretanto tropiezo con el único modo que sé de quererte, 
con el autismo de las paredes de un piso franco, 
con dentelladas de tu piel herida, tengo palabras de mercromina, 
muerdo la mano que me da de comer. 
Me arrastran los faldones de doble forro de la memoria.
Para llegar al magma ya casi no tengo que engañarme.
 
Raquel G. Otero, también conocida como Sybilla Cardinale en www.computodefantasmas.blogspot.com

[Hace mucho, pero mucho que quiero compartir aquí alguna de las maravillas que publica Ra. Ha llegado el momento. Pasen por Cómputo de fantasmas. De verdad vale la pena.]

23 febrero 2011

Palabras contra el olvido

Todos deseamos rescatar a través de la memoria cada fragmento de la vida que súbitamente vuelve a nosotros, por más indigno, por más doloroso que sea. Y la única manera de hacerlo es fijarlo con la escritura.

La literatura, por mucho que nos apasione negarla, permite rescatar del olvido todo eso sobre lo que la mirada contemporánea, cada día más inmoral, pretende deslizarse con la más absoluta indiferencia"

Enrique Vila-Matas Bartleby y compañía

07 febrero 2011

Apuntes de una lectora


Después de casi seis años citando para ustedes lo que otros escriben, creo que ha llegado la hora de compartir algunos apuntes personales de lectura. Impresiones, digamos, sin pretensiones críticas. Entonces: leer, leer, leer y, a veces, escribir. En una época en la que el blog es cada vez más el discreto territorio del “entre nos”, los invito a hacer conmigo un nuevo viaje entre palabras porque creo con Valery que “el universo solo existe sobre el papel”.

25 enero 2011

Reescrituras III

¡Fita aquel branco galán,
olla seu transido corpo!

É a lúa que baila
na Quintana dos mortos.

Fita seu corpo transido,
negro de somas e lobos.

Nai: A lúa está bailando
na Quintana dos mortos.

¿Quén fire potro de pedra
na mesma porta do sono?

¡É a lúa! ¡É a lúa
na Quintana dos mortos!

¿Quén fita meus grises vidros
cheos de nubens seus ollos?

É a lúa, é a lúa
na Quintana dos mortos.

Déixame morrer no leito
soñando con froles d'ouro.

Nai: A lúa está bailando
na Quintana dos mortos.

¡Ai filla, co ár do céo
vólvome branca de pronto!

Non é o ar, é a triste lúa
na Quintana dos mortos.

¿Quén brúa co-este xemido
d'imenso boi melancónico?

Nai: É a lúa, é a lúa
na Quintana dos mortos.

¡Si, a lúa, a lúa
coronada de toxos,
que baila, e baila, e baila
na Quintana dos mortos!

Federico García Lorca





Versión de Carlos Núñez sobre el poema de Lorca:



O primeiro amor que eu teña
ha de ser un arrieiro
que non ten bota sen viño
nin a bolsa sen diñeiro.

¡Fita aquel branco galán,
olla seu transido corpo!
Fita seu corpo transido
negro de somas e lobos.

¿Quén fire potro de pedra
na mesma porta do sono?
¿Quen fita meus grises vidros
cheos de nubens seus ollos?

¡É a lúa! ¡É a lúa
coronada de toxos!
¡É a lúa! ¡É a lúa
na Quintana dos mortos!

Déixame morrer no leito
soñando con froles dóuro.
Nai, a lúa está bailando
na Quintana dos mortos.

¡Ai filla, co ar do céo
vólvome branca de pronto!
Non é o ar, é a triste lúa
na Quintana dos mortos.

¿Quén brúa co-este xemido
de inmenso boi melancónico?
¡Nai, é a lúa, é a lúa
na Quintana dos mortos!

¡É a lúa! ¡É a lúa
coronada de toxos!
¡É a lúa! ¡É a lúa
na Quintana dos mortos!

¡É a lúa! ¡É a lúa
coronada de toxos!
¡E baila, ela, ela baila
na Quintana dos mortos!

21 noviembre 2010

La literatura o la vida

"La literatura no cambia, siempre se puede encontrar lo que se espera, en cambio la vida..."

Ricardo Piglia Blanco nocturno

15 noviembre 2010

02 noviembre 2010

Una carta de amor VIII

"¿Qué quiere decir "pensar en alguien"? Quiere decir: olvidarlo (sin olvido no hay vida posible) y despertar a menudo de ese olvido. Muchas cosas, por asociación, te recuerdan en mi discurso. "Pensar en ti" no quiere decir otra cosa que esa metonimia. Puesto que en sí, ese pensamiento está vacío: no te pienso; simplemente te hago aparecer (en la misma proporción en que te olvido). Es esta forma (este ritmo) que llamo "pensamiento": no tengo nada que decirte, sino que este nada es a ti a quien lo digo [...] Como deseo, la carta de amor espera su respuesta; obliga implícitamente al otro a responder, a falta de lo cual su imagen se altera, se vuelve otra."

Roland Barthes Fragmentos de un discurso amoroso

01 noviembre 2010

Palabras lanzadas al vacío, a la nada, al olvido

Entre mi amor y yo han de levantarse
trescientas noches como trescientas paredes
y el mar será una magia entre nosotros.  

No habrá sino recuerdos. 
Oh tardes merecidas por la pena, 
noches esperanzadas de mirarte, 
campos de mi camino, firmamento 
que estoy viendo y perdiendo... 
Definitiva como un mármol 
entristecerá tu ausencia otras tardes.

Jorge Luis Borges Fervor de Buenos Aires  (1923)


Vigilas desde este cuarto
donde la sombra temible es la tuya.

No hay silencio aquí
sino frases que evitas oír.

Signos en los muros
narran la bella lejanía.

(Haz que no muera
sin volver a verte.)
Alejandra Pizarnik Extracción de la piedra de la locura (1968)

19 octubre 2010

Galicia X Rama

"Quisiera poder escribir
en el sobre de este envío:
'A mi madre,
Cielo de Galicia',
y que llegara a su destino.


Entrada
No se hallará registro de esta tierra en ningún atlas, por grande y minucioso que sea. Se podrá encontrar en ellos todo, las Islas Bienaventuradas o las Tierras del Gran Tamerlán, pero no esta, mucho más pequeña, que se abre hacia el mar y también se rehúsa dentro de valles recoletos. Y sin embargo existe.

Esa mano vacilante que distingue al buen cartógrafo, no ha trazado nunca el arbitrario festón de su contorno, ni dibujado sus ríos con tinta azul, sus montañas de castaño claro, y el resto verde, verde intenso, homogéneo, para ilusionarnos con una vegetación que en verdad va hasta el herrumbre y hasta el negro.

Pero yo sé que existe y dónde. Yo sé el lugar donde sus pueblos se esconden en el campo, apenas revelados por las lámparas encendidas que van de una a otra casa de piedra gris cuando la noche avanza; sé de sus encinas plantadas en círculo y del sembradío minucioso que recubre sus tierras; sé de sus alamedas y también del mar que se abre entre montañas [...]

Cuando me aproximo a esta tierra, es la música la que se adelanta como dueña a saludarme. No puedo olvidarla por una razón simple: la oí por primera vez en una canción de cuna.

Es tierra de mi madre y no mía [...] por ella corrió haciendo pareja con el viento; se perdió en la niebla siguiendo la orilla sinuosa del mar; la oyó cantar desde la entraña recóndita. Por ella corre aún, vieja ya [...] Pero no va sola: aprieta mi mano con la suya en la que el tiempo enfundó un guante áspero. Y vamos a quién corre más y descubre más pronto las primeras manzanas escondidas en el árbol. Y ya no sé, cuando desciendo a este pensamiento, si es ella la que me lleva como niño de la mano o si soy yo el que corre por esa tierra y a mi lado trota mi hija o si son ellas dos, abuela y nieta, las que están descubriendo alborozadas un huerto secreto, en tanto las contemplo desde el vago sueño.

Hay que correr para abarcar la tierra, para que sea nuestra. Una lluvia cerrada la golpea, mojándola, hasta que ya no la vemos; y así, cuando se nos pierde, sabemos de pronto que es nuestra. Esa lluvia que no amengua el esplendor del sol sobre el cual cae, es el tiempo en que vamos perdiéndonos, donde también somos y estamos, vivientes, lujosamente revestidos de capa de agua que no cesa, donde nos reconocemos una última vez como los mismos.

Madre, hija, yo mismo: sangre de una infancia que a través de todos permanece. Para ella la tierra no alcanza y por eso cava en la memoria el acceso a otra en que seguir corriendo bajo el sol y la lluvia. Cuando ya no quede tierra o es poca y cierta la que nos espera, esta otra se extiende largamente ante nosotros. No tiene fin y tienta con mágicos presagios. Es nuestra como ninguna puede serlo, pues nadie nos disputará su materia que pacientemente hemos amasado durante una corta vida."

Ángel Rama Tierra sin mapa (1959)

12 octubre 2010

"Las dos orillas"

"¿Qué habría pasado si lo que sucedió, no sucede? ¿Qué habría pasado si lo que no sucedió, sucede? [...] Gemela de Dios, gemela de los hombres, sobre la laguna de México, cabe el río de Sevilla, se abren al mismo tiempo los párpados del Sol y los de la Luna. Nuestros rostros están rayados por el fuego, pero al mismo tiempo nuestras lenguas están surcadas por la memoria y el deseo. Las palabras viven en las dos orillas. Y no cicatrizan."
Carlos Fuentes "Las dos orillas" en El naranjo

06 julio 2010

A favor del matrimonio universal en Argentina

Apoyo de científicos/as del CONICET e investigadores/as de Argentina a la ley de igualdad y los derechos de lesbianas, gays, bisexuales, travestis y transexuales.



17 junio 2010

Esa playa última

"AMOROSA ANTICIPACIÓN"

Ni la intimidad de tu frente clara como una fiesta
ni la costumbre de tu cuerpo, aún misterioso
                                                      y tácito de niña,
ni la sucesión de tu vida asumiendo palabras o silencios
serán favor tan misterioso
como mirar tu sueño implicado
en la vigilia de mis brazos.
Virgen milagrosamente otra vez por la virtud absolutoria
                                                                        del sueño,
quieta y resplandeciente como una dicha que
                                                              la memoria elige,
me darás esa orilla de tu vida que tu misma no tienes.
Arrojado a quietud,
divisaré esa playa última de tu ser
y te veré, por vez primera, quizá,
como Dios ha de verte,
desbaratada la ficción del Tiempo,
sin el amor, sin mí. 

Jorge Luis Borges en Luna de enfrente

16 junio 2010

Tu nombre cierto, tu cintura

"TALA"

Llévese estos ojos, piedritas de colores,
esta nariz de tótem, estos labios que saben
todas la tablas de multiplicar y las poesías más selectas.
Le doy la cara entera, con la lengua y el pelo,
me quito las uñas y dientes y le completo el peso.
No sirve esa manera de sentir. Qué ojos ni qué dedos.
Ni esa comida recalentada, la memoria,
ni la atención, como una cotorrita perniciosa.
Tome las inducciones y las perchas
donde cuelgan las palabras lavadas y planchadas.
Arree con la casa, fuera de todo,
déjeme como un hueco o una estaca.
Tal vez entonces, cuando no me valga
la generosidad de Dios, ese boy scout,
y esté igual que la alfombra que ha aguantado
su lenta lluvia de zapatos ochenta años
y es urdimbre nomás, claro esqueleto donde
se borraron los ricos pavorreales de plata,
puede ser que sin voz diga tu nombre cierto
puede ocurrir que alcance sin manos tu cintura.


Julio Cortázar

15 junio 2010

En el centro exacto del abandono

"Pero un restallido en el aire o niebla o lluvia no puede apaciguar, cerrar una herida. No cierra una herida una campana. Una campana no cierra una herida. Fue la noche de Santiago. Llovía moroso en el jardín del Hostal. Me voy a ver los fuegos -dijo- con la gente de negro que vino de muy lejos para ser cuerpo presente (en la plaza iluminada por fuegos que se suceden cada vez más vertiginosos porque la lluvia impedía su natural despliegue, evolución y muerte). Sí -dije- ve, ve, ve (sintiéndome, oh siempre, en el centro exacto del abandono). Vi sus ojos en el resplandor cortado de oscuridades hirientes, súbitas. Vi sus ojos en el sonido de la tormenta, en los colores ardiendo como pájaros muy efímeros. Que se vaya -me dije- yo no pretendo, no intento, no comprendo. No me dejes -dijo- no me exilies de ti. En lo alto, en lo puro del abandono. Llamarme a mí pequeña abandonadora. Antes de desaparecer vi sus ojos no comprendiendo. Trémulo gesto de mi cara para ir a llorar importantemente en la noche del no se sabe quién es abandonado."

Alejandra Pizarnik "La noche de Santiago" (frag) en Prosa completa.

01 junio 2010

Esos ojos

"Sin embargo, no te engañas: esos ojos fluyen, se transforman, como si te ofrecieran un paisaje que solo tú puedes adivinar y desear."

Carlos Fuentes Aura

02 abril 2010

Ambulantes

"Santiago de Compostela. Los jueves por la mañana las mujeres llegan desde sus aldeas a vender verduras en el mercado de Santiago de Compostela. Todas, o casi todas, son viejas. Se sientan en banquitos enanos y charlan con sus clientas, que también son viejas. En las canastas no hay un solo tomate que sea igual a otro; todos tienen alguna marca, un punto negro o un lunar más claro; los mazos de grelos todavía húmedos y coles pequeñas e imperfectas, como cabezas de niño. Cada una de estas mujeres tiene una relación directa con el producto que trae al mercado; viven cerca de Santiago y cerca de esas verduras, en un espacio que todavía hoy conserva algo de arcaico. Seguramente son las últimas que venden verduras orgánicas sin decorarlas con ese adjetivo hiperbólico, mitad técnico y mitad estético, propios de un vocabulario sobre lifestyles."
Beatriz Sarlo en La ciudad vista. Mercancías y cultura urbana

23 marzo 2010

Os que morden cando choran

Eu ben sei destes tormentos
que consomen e devoran,
dos que fan xemer os ventos,
dos que morden cando choran.

Rosalía de Castro "22" fragmento en Cantares gallegos.

10 febrero 2010

En soledad de amor herido

Cántico espiritual

Canciones entre el alma y el esposo


Esposa:

¿Adónde te escondiste,
amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti, clamando, y eras ido. 5

Pastores, los que fuerdes
allá, por las majadas, al otero,
si por ventura vierdes
aquél que yo más quiero,
decidle que adolezco, peno y muero. 10

Buscando mis amores,
iré por esos montes y riberas;
ni cogeré las flores,
ni temeré las fieras,
y pasaré los fuertes y fronteras. 15

(Pregunta a las Criaturas)

¡Oh bosques y espesuras,
plantadas por la mano del amado!
¡Oh prado de verduras,
de flores esmaltado,
decid si por vosotros ha pasado! 20

(Respuesta de las Criaturas)

Mil gracias derramando,
pasó por estos sotos con presura,
y yéndolos mirando,
con sola su figura
vestidos los dejó de hermosura. 25

Esposa:

¡Ay, quién podrá sanarme!
Acaba de entregarte ya de vero;
no quieras enviarme
de hoy más ya mensajero,
que no saben decirme lo que quiero. 30

Y todos cantos vagan,
de ti me van mil gracias refiriendo.
Y todos más me llagan,
y déjame muriendo
un no sé qué que quedan balbuciendo. 35

Mas ¿cómo perseveras,
oh vida, no viviendo donde vives,
y haciendo, porque mueras,
las flechas que recibes,
de lo que del amado en ti concibes? 40

¿Por qué, pues has llagado
aqueste corazón, no le sanaste?
Y pues me le has robado,
¿por qué así le dejaste,
y no tomas el robo que robaste? 45

Apaga mis enojos,
pues que ninguno basta a deshacellos,
y véante mis ojos,
pues eres lumbre dellos,
y sólo para ti quiero tenellos. 50

¡Oh cristalina fuente,
si en esos tus semblantes plateados,
formases de repente
los ojos deseados,
que tengo en mis entrañas dibujados! 55

¡Apártalos, amado,
que voy de vuelo!

Esposo:

Vuélvete, paloma,
que el ciervo vulnerado
por el otero asoma,
al aire de tu vuelo, y fresco toma. 60

Esposa:

¡Mi amado, las montañas,
los valles solitarios nemorosos,
las ínsulas extrañas,
los ríos sonorosos,
el silbo de los aires amorosos; 65

la noche sosegada,
en par de los levantes de la aurora,
la música callada,
la soledad sonora,
la cena que recrea y enamora; 70

nuestro lecho florido,
de cuevas de leones enlazado,
en púrpura tendido,
de paz edificado,
de mil escudos de oro coronado! 75

A zaga de tu huella,
las jóvenes discurran al camino;
al toque de centella,
al adobado vino,
emisiones de bálsamo divino. 80

En la interior bodega
de mi amado bebí, y cuando salía,
por toda aquesta vega,
ya cosa no sabía
y el ganado perdí que antes seguía. 85

Allí me dio su pecho,
allí me enseñó ciencia muy sabrosa,
y yo le di de hecho
a mí, sin dejar cosa;
allí le prometí de ser su esposa. 90

Mi alma se ha empleado,
y todo mi caudal, en su servicio;
ya no guardo ganado,
ni ya tengo otro oficio,
que ya sólo en amar es mi ejercicio. 95

Pues ya si en el ejido
de hoy más no fuere vista ni hallada,
diréis que me he perdido;
que andando enamorada,
me hice perdidiza, y fui ganada. 100

De flores y esmeraldas,
en las frescas mañanas escogidas,
haremos las guirnaldas
en tu amor florecidas,
y en un cabello mío entretejidas: 105

en sólo aquel cabello
que en mi cuello volar consideraste;
mirástele en mi cuello,
y en él preso quedaste,
y en uno de mis ojos te llagaste. 110

Cuando tú me mirabas,
tu gracia en mí tus ojos imprimían;
por eso me adamabas,
y en eso merecían
los míos adorar lo que en ti vían. 115

No quieras despreciarme,
que si color moreno en mí hallaste,
ya bien puedes mirarme,
después que me miraste,
que gracia y hermosura en mí dejaste. 120

Cogednos las raposas,
que está ya florecida nuestra viña,
en tanto que de rosas
hacemos una piña,
y no parezca nadie en la montiña. 125

Deténte, cierzo muerto;
ven, austro, que recuerdas los amores,
aspira por mi huerto,
y corran sus olores,
y pacerá el amado entre las flores. 130

Esposo:

Entrado se ha la esposa
en el ameno huerto deseado,
y a su sabor reposa,
el cuello reclinado
sobres los dulces brazos del amado. 135

Debajo del manzano,
allí conmigo fuiste desposada,
allí te di al mano,
y fuiste reparada
donde tu madre fuera violada. 140

O vos, aves ligeras,
leones, ciervos, gamos saltadores,
montes, valles, riberas,
aguas, aires, ardores
y miedos de las noches veladores, 145

por las amenas liras
y canto de serenas os conjuro
que cesen vuestras iras
y no toquéis al muro,
porque la esposa duerma más seguro. 150

Esposa:

Oh ninfas de Judea,
en tanto que en las flores y rosales
el ámbar perfumea,
morá en los arrabales,
y no queráis tocar nuestros umbrales. 155

Escóndete, carillo,
y mira con tu haz a las montañas,
y no quieras decillo;
mas mira las compañas
de la que va por ínsulas extrañas. 160

Esposo:

La blanca palomica
al arca con el ramo se ha tornado,
y ya la tortolica
al socio deseado
en las riberas verdes ha hallado. 165

En soledad vivía,
y en soledad he puesto ya su nido,
y en soledad la guía
a solas su querido,
también en soledad de amor herido. 170

Esposa:

Gocémonos, amado,
y vámonos a ver en tu hermosura
al monte o al collado
do mana el agua pura;
entremos más adentro en la espesura. 175

Y luego a las subidas
cavernas de la piedra nos iremos,
que están bien escondidas,
y allí nos entraremos,
y el mosto de granadas gustaremos. 180

Allí me mostrarías
aquello que mi alma pretendía,
y luego me darías
allí tú, vida mía,
aquello que me diste el otro día: 185

el aspirar del aire,
el canto de la dulce filomena,
el soto y su donaire,
en la noche serena
con llama que consume y no da pena; 190

que nadie lo miraba,
Aminadab tampoco parecía,
y el cerco sosegaba,
y la caballería
a vista de las aguas descendía. 195

San Juan de la Cruz "Cántico espiritual"

02 febrero 2010

Melancolía

"Es el mismo terreno del recuerdo. También en la memoria los bordes se difuminan, y la vida recordada puede sobreimprimirse en nitidez a la vida vivida. La vida recordada puede deformar hasta tomar la estatura de la pesadilla, bajo la máscara lánguida de la melancolía. Por eso el combate debe ser feroz."

Moira Irigoyen Ese verano

09 diciembre 2009

Tremenda enseñanza

"Antes de tener que cortarle los huevos a alguien, hay que agotar todas las posibilidades."

Fabián Casas "Asterix, el encargado" en Los Lemmings y otros cuentos

08 noviembre 2009

Te leo las pupilas y no puedo convocar tu nombre

Comparto con ustedes el bello texto que Luciana Mellado, poeta que sueña desde el Sur del Sur, imaginó como un reconocimiento a Roberto Bolaño, del que me hizo partícipe. Tremendamente agradecida, como siempre, por la oportunidad de releerlo entre las líneas de tu poema.

"Pierr Menard, el trasandino"

Para Andrea Cobas Carral, que ama como yo a este memorioso y lo conoce mucho más

Qué versión se infiltra en la memoria de los cuerpos
arisca / escrupulosa / constreñida?
¿Qué palabra logra primerear las huellas de la carne
cuando exuda jaurías / cuando cernea tormentas?
¿Quién aviva el fuego de esta confianza boca a boca
en el fugaz aliento que nos ensambla?
Lo raro es que te leo las pupilas y no puedo convocar tu nombre,
detective nocturno, muerto ya para mí
que nunca podré decirte cómo tu voz precipita
el mejor licor para el recuerdo y azuza mis vigilias.
Coreuta de cada nalga, cada falo, cada vagina herida
desfondada por la violencia de una América nazi
que sobrevive persiste permanece
en las escuelas en la televisión en los diarios
en los edificios públicos en los residencias privadas
en la política y en los políticos
en los espejos de allá, detrás de la cordillera
en los espejos de acá, detrás de la cordillera.
¿Cómo puedo yo decir sin ofender a nadie,
que sólo en tu voz que se derrama fuera de las aristas de los libros,
de los ángulos siempre rectos de las hojas / de los libros
pude desbaratar el orden ingrávido de la simultaneidad compendiada
las anacronías de la experiencia del horror empatadas siempre uno a uno
todas en primera o todas en orsay?
Sólo en tu lengua la ceguera dejó de ser metáfora
ensayos de los goznes de una patria buscada contra el vidrio, en el cielo distante.
En tu idioma, que es también el mío, entendí que la historia de los pueblos
no debería escribirse ni de una vez ni de corrido
porque la historia siempre es más larga y enredada que sí misma.
Definitivamente tu estampa es la de Pierr Menard el memorioso,
Pierr con dos erres finales que emigran impares a tu nombre.

Luciana Mellado "Pierr Menard, el trasandino" en Crujir el habla